Un nuevo sometimiento
- psicologagreciamor
- 3 mar
- 3 Min. de lectura
Quiero comenzar contándote cómo me siento al pensar y escribir esta nota porque es algo que realmente me atraviesa y que me hace re-pensarme en mi propio proceso íntimo y subjetivo al conocer y escuchar todas esas posturas sociales y culturales que nos atraviesan como mujeres, y claro, a cierta parte de las mujeres, porque no todas estamos en el mismo barco.

El inicio de mis acercamientos al feminismo me permitió conocer otras visiones de la vida que me empujaron a cuestionar de forma más agresiva las obligaciones, derechos, responsabilidades y consecuencias de las personas con quienes he compartido alguna parte de mi vida, desde mi infancia hasta mi presente.
El feminismo me animó a hablar más fuerte y en lugares en los que no me imaginaba que podría hacerlo, y no porque externamente estuviera reprimida (sé que vivo en privilegios que no me prohiben hacerlo a diferencia de otras mujeres), sino porque sentía que mi lugar era el de no incomodar, y eso se lo tengo que agradecer profundamente al feminismo, el poder ser incómoda sin culpas ni remordimientos.
Después, comencé a escuchar discursos que cuestionaban y señalaban de manera cada vez más severa, las acciones de las mujeres que se adueñaban de su vida a su manera, con todo lo que esto implica; me llamaba la atención la forma como se iban estableciendo otro tipo de reglas ya no impuestas por el primer agresor y represor histórico, sino por un sector de mujeres que habían adoptado actitudes similares pero bajo otros colores. Era como si el enemigo se hubiera disfrazado o hubiera usado la estrategia del caballo de Troya, porque es necesario recordar que el enemigo no se trata de las personas sino del conjunto de comportamientos, actitudes y acciones. Esto me hizo pensar que tal vez era necesario que las aguas se movieran fuerte para que todo tomara otro lugar, sabiendo que sería incómodo y decepcionante, pero al final necesario para poder seguir teniendo a flote el tema y poder analizarlo y vivirlo.

No lo sé, ignoro muchas de las aristas teóricas, pero en el consultorio escuché mucha presión por ser esa mujer que el feminismo les “exigía” ser:
Hacer renuncias de las que no se sentían seguras pero que prometían libertad y fin a sus malestares.
Sentirse señaladas y con miedo a ser evaluadas si se vislumbraba el deseo hacer una vida bajo los criterios que habría que derrumbar.
Recibir una mirada punitiva en grupo sobre temas tan íntimos y subjetivos como la maternidad, el matrimonio, la vida profesional, la vida en pareja y la soltería, cuando esa mirada merecería ser únicamente propia.
Me asustó ver que estábamos pasando de un sometimiento a otro
Me asustó ver que estábamos pasando de un sometimiento a otro, y que las libertades seguirían sólo en promesas, porque pobre de aquella que se atreviera a agarrar su vida y hacerla como ella quisiera. Pero ¿entonces de qué se trata? No lo sé. No creo que exista una verdad absoluta, sería peligroso que así fuera porque de ahí venimos huyendo y revelándonos.
Espero y deseo que mis palabras no se entiendan como un ataque a los movimientos que tanto me dieron en su momento y con los cuales estoy agradecida, lo que deseo es que estás palabras te aligeren el camino si es que te estás sintiendo coartada y sometida, quiero que sepas que no estás sola, recuerda que tu vida y tus decisiones son tuyas y de nadie más, pero que no tienes que ejercerlas en soledad y exclusión.
Con cariño, Grecia.
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