Quiero compartir una buena noticia, o al menos para mí lo fue. Cuando mi analista me lo dijo, sentí un gran alivio, como un abrazo cálido en medio de un momento difícil. Y por eso quiero decírtelo: no necesitas amarte a ti mismo primero para que los demás te amen. Sí, así como lo lees.

Esta idea me sacudió porque crecí rodeada de frases como: "Tienes que amarte a ti mismo para que los demás puedan amarte" o "No puedes amar a alguien más si no te amas primero". Pero eso es MEN-TI-RA. Déjame explicarlo antes de que dudes de lo que digo.
Piensa en las personas con las que tienes cercanía, confianza y cariño: tu pareja, amigos, hermanos, mamá, papá... ¿Les pides que se amen a sí mismos para que tú puedas amarlos? No, ¿verdad? Tú los amas por lo que son, por lo que significan en tu vida, por lo bien que te hacen sentir, por su esencia. Incluso si ellos no se aman o no se caen bien a sí mismos, el amor que sientes por ellos sigue ahí. Es más, nuestro amor puede ser un reflejo que les ayude a verse como realmente son: personas valiosas y queridas. Para eso estamos, para recordarnos mutuamente lo importante que somos.

Entonces, ¿por qué exigirnos algo distinto para nosotros mismos? No necesitamos amarnos primero para ser dignos del amor y el respeto de quienes nos rodean. Ellos nos ven con una mirada diferente, pero no por eso menos válida. Nos aman por nuestras acciones, palabras e intenciones; por nuestra presencia en sus vidas.
“No significa que el amor propio no sea importante”
Claro que lo es. Aprender a amarse y respetarse es clave para construir relaciones más sanas, pero ese camino es complejo y personal. Cada historia de vida es diferente, y no todos los conflictos vienen del mismo lugar.
Por eso, si en este momento te cuesta amarte, no te castigues pensando que no mereces amor o que el cariño que das no es válido. Permítete recibir el amor de los demás, porque no es un requisito indispensable amarte primero para ser amado.
Cuando entendí esto, algo cambió. Me dejé amar más por los míos y sentí que mis abrazos y palabras hacia ellos eran reales y valiosas, incluso en esos momentos en los que yo no me sentía bien conmigo misma. Esto no significa que haya que rendirse en el camino de aprender a amarse, sino que hay que recordar que no estamos solos en ese proceso.
Deseo que esta perspectiva te brinde un poco de paz y te ayude a ser más compasiva contigo misma. Que te aliente a seguir explorándote y cuidándote en cada vínculo que formes.
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